Desde hace algunos años, la danza oriental experimenta un auténtico boom en Occidente. Las escuelas y los cursos se multiplican en las ciudades, y se imparten clases de danza en un sinnúmero de lugares, desde gimnasios y clubes hasta centros comunitarios. En paralelo con la danza, la música árabe es objeto de un interés cada vez mayor, y poco a poco han aparecido tiendas especializadas en trajes y accesorios. A nivel profesional, este auge ha consolidado circuitos internacionales donde actúan bailarinas de los países más diversos, desde Egipto, Turquía y Marruecos hasta Brasil, Japón o Australia. La popularidad de la danza consagra regularmente nuevas “divas”, que aparecen en las portadas de revistas y publicaciones especializadas.
Para quienes se acercan por primera vez a la danza oriental, esta situación puede parecer apenas natural. Sin embargo, quienes llevamos muchos años en el oficio sabemos que forma parte de un ciclo, que ya ha tenido lugar en el pasado y se repetirá con suerte en el futuro.
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